Sábado Santo

Nuestro Señor en el sepulcro, y su Madre sola, llorando. Acompañemos a alguien que sufre, en un hospital, en su casa o donde lo encontremos. Seamos el hombro solidario que está disponible para que los demás puedan derramar sus lágrimas. Escuchemos con atención a alguien que sufre, eso aligera el corazón. Y recordemos durante todo el día a la dolorosa, con su corazón atravesado por siete espadas, y sepamos que después del dolor inefable, viene la gloria de la Resurrección.

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