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Jueves de junio con el Beato Manuel González (IV)

Con Motivo de nuestra peregrinación a la Sede de San Pedro, no pudimos compartir el cuarto “post” del monográfico sobre la Eucaristía, que llevamos realizando durante este mes de junio. Aprovechando la celebración hoy del Inmaculado Corazón de María, compartimos esta oración del Beato Manuel, a la Santísima Virgen María:

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“¡Madre Inmaculada! ¡Que no nos cansemos! ¡Madre nuestra! ¡Una petición! ¡Que no nos cansemos! Sí, aunque el desaliento por el poco fruto o por la ingratitud nos asalte, aunque la flaqueza nos ablande, aunque el furor del enemigo nos persiga y nos calumnie, aunque nos falten el dinero y los auxilios humanos, aunque vinieran al suelo nuestras obras y tuviéramos que empezar de nuevo… ¡Madre querida!… ¡Que no nos cansemos! Firmes, decididos, alentados, sonrientes siempre, con los ojos de la cara fijos en el prójimo y en sus necesidades, para socorrerlos, y con los ojos del alma fijos en el Corazón de Jesús que está en el Sagrario, ocupemos nuestro puesto, el que a cada uno nos ha señalado Dios. ¡Nada de volver la cara atrás! ¡Nada de cruzarse de brazos! ¡Nada de estériles lamentos! Mientras nos quede una gota de sangre que derramar, unas monedas que repartir, un poco de energía que gastar, una palabra que decir, un aliento de nuestro corazón, un poco de fuerza en nuestras manos o en nuestros pies, que puedan servir para dar gloria a Él y a Ti y para hacer un poco de bien a nuestros hermanos…
¡Madre mía, por última vez! ¡MORIR antes que cansarnos!”

Jueves de junio con el Beato Manuel González (III)

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“Si la Eucaristía es Pan de Vida, el seminario es el taller en donde se adiestran los Panaderos que lo han de elaborar, partir, distribuir y guardar, cuando sobre.

Si la Eucaristía es Luz de nuestros días y de nuestras noches, el seminario es la sala de gimnasia en que se ejercitan y se robustecen los brazos que han de levantarla en lo alto del monte para que ilumine a muchos, y los pies que la han de llevar por toda la tierra.

Si la Eucaristía es Medicina, el seminario es la clínica, que enseña a diagnosticar las enfermedades de las almas y de los pueblos y los modos más aptos de propinarles el único y eficaz remedio.

Si la Eucaristía es Agua Viva, el seminario es fábrica de canales que conduzcan esa agua a  las bocas sedientas.
Si la Eucaristía es Hostia, que se inmola cada día, el seminario es el molino y lagar para obtener la harina y el vino de las hostias vivas y agradables a Dios que deben ser los que cada día ofrecen la Hostia pura, santa e inmaculada”

Jueves de junio con el Beato Manuel González (II)

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«Yo deseo para usted un sacerdocio que escriba como San Francisco de Sales, que predique como San Juan Crisóstomo, que confiese como el Santo Cura de Ars, que celebre como San Felipe Neri, que se chifle por la gloria del Amo como San Ignacio por la gloria de Dios, que se entregue a los prójimos sin quitarse a Dios como San Pablo, que sea puro, fiel y delicado como San Juan Evangelista, y que ame a Dios, a la Iglesia y a las almas como el propio Corazón de Jesús. Lo quiero a usted tan ilustrado como humilde, tan celoso como discreto, tan blando como puro, tan confiado en Él como desconfiado de sí, tan activo como interior, tan loco por la Eucaristía como el loco mayor del Amor no amado. Que sea usted un sacerdote eucarístico en su piedad, en su propaganda, en su catequesis, en su familia, en sus amistades, en sus puntos de vista y… todo lo demás vendrá por añadidura»

Jueves de junio con el Beato Manuel González (I)

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«Tengo la persuasión firmísima de que prácticamente el mayor mal de todos los males y causa de todo mal, no sólo en el orden religioso, sino en el moral, social y familiar, es el abandono del Sagrario. Si no hay otro Nombre en el que pueda haber salvación fuera del Nombre de Jesús. Si la sagrada Eucaristía, adorada, visitada, comulgada y sacrificada es la aplicación de esa salud y, por tanto, la fuente más abundante de gloria para Dios, de reparación por los pecados de los hombres y de bienes para el mundo, el abandono de la sagrada Eucaristía, al cegar la corriente de esa fuente, priva a Dios de la mayor gloria que de los hombres puede recibir y a éstos de los mayores y mejores bienes que de Dios pueden esperar»

¡ Subió a lo alto llevando cautivos !

Nadie , nImageni si quiera Elías,  había subido a los cielos , sino sólo Aquel que lo dice claramente: ” Nadie subió al cielo sino el Hijo del hombre que estaba en el Cielo “. Este Pastor bueno que había dejado en las montañas las noventa y nueve ovejas, es decir, los Ángeles , para venir a buscar la oveja que se había perdido, la lleva hoy sobre sus hombros y clama:

“Padre, encontré la oveja que la serpiente había inducido en el error. En los caminos en los que erraba la vi , manchada por el lodo del pecado ; yo la tomé con la mano de mi divinidad , la levanté con prontitud , movido por el amor de mi corazón ; la lavé en el Jordán , la perfumé con la unción de mi Espíritu . Ahora, resucitado , heme aquí, ofrezco a tu divinidad este don digno de ti , la oveja encontrada”.

( San Efrén, S. IV )

Mes de mayo, mes de María (V)

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“Virgen Santísima Inmaculada y Madre mía María, a Vos, que sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, acudo en este día yo, que soy el más miserable de todos. Os venero, ¡oh gran Reina!, y os doy las gracias por todos los favores que hasta ahora me habéis hecho, especialmente por haberme librado del infierno, que tantas veces he merecido. Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás. Pongo en vuestras manos toda mi esperanza, toda mi salvación; admitidme por siervo vuestro, y acogedme bajo vuestro manto, Vos, ¡oh Madre de misericordia! Y ya que sois tan poderosa ante Dios, libradme de todas las tentaciones o bien alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte. Os pido un verdadero amor a Jesucristo. Espero de vos tener una buena muerte; Madre mía, por el amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero más en el último instante de mi vida. No me dejéis hasta que me veáis salvo en el cielo para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad. Así lo espero. Amén.”

S. Alfonso María de Ligorio

Mes de mayo, mes de María (IV)

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“María está íntimamente asociada, por su unión con Cristo, a lo que creemos. En la concepción virginal de María tenemos un signo claro de la filiación divina de Cristo. El origen eterno de Cristo está en el Padre; él es el Hijo, en sentido total y único; y por eso, es engendrado en el tiempo sin concurso de varón. Siendo Hijo, Jesús puede traer al mundo un nuevo comienzo y una nueva luz, la plenitud del amor fiel de Dios, que se entrega a los hombres. Por otra parte, la verdadera maternidad de María ha asegurado para el Hijo de Dios una verdadera historia humana, una verdadera carne, en la que morirá en la cruz y resucitará de los muertos. María lo acompañará hasta la cruz (cf. Jn 19,25), desde donde su maternidad se extenderá a todos los discípulos de su Hijo (cf. Jn 19,26-27). También estará presente en el Cenáculo, después de la resurrección y de la ascensión, para implorar el don del Espíritu con los apóstoles (cf. Hch 1,14). El movimiento de amor entre el Padre y el Hijo en el Espíritu ha recorrido nuestra historia; Cristo nos atrae a sí para salvarnos (cf. Jn 12,32). En el centro de la fe se encuentra la confesión de Jesús, Hijo de Dios, nacido de mujer, que nos introduce, mediante el don del Espíritu santo, en la filiación adoptiva (cf. Ga 4,4-6).”

Papa Francisco (Lumen Fidei, 59).