Archivo de la categoría: Pastoral

Nuestra Semana Santa

En esta Semana Santa que celebrábamos hace unos días, rememorando y haciendo presentes los misterios centrales de nuestra fe (pasión, muerte y resurrección del Señor), los seminaristas de Palencia hemos estado repartidos en diferentes unidades pastorales de la provincia.

fromistaAsí, Álvaro pasó el Triduo Pascual en la Unidad Pastoral de Frómista, con el sacerdote d. Juan Carlos. Con él pudo recorrer las distintas poblaciones de la unidad pastoral, conocer a sus habitantes, y participar en los actos litúrgicos. Para Álvaro, “la Semana Santa es el tiempo en que nuestra inmersión en la labor pastoral de la diócesis es mayor. Supone una gran oportunidad para vivir el Triduo Santo junto a alguno de los sacerdotes de la diócesis, de poder convivir y aprender de aquellos que llevan años entregando su vida por Jesucristo, en favor de la Iglesia. Agradezco a D. Juan Carlos, párroco de la U.P. de Frómista, su cariñosa acogida y la fraternidad que me ha mostrado en estos días, signo de la comunión fraterna propia del ministerio sacerdotal“.

ampudiaPor su parte, René estuvo los días del Triduo destinado en la Unidad Pastoral de Ampudia, al sur de la provincia, pasando estos días junto con el sacerdote D. David. Estos días han sido especiales también para René, quien cuenta que: “una torre muy alta y esbelta me recibió: la colegiata de Ampudia, que se alza sobre la llanura castellana. Fueron cuatro días sin parar. La unidad pastoral de Ampudia tiene otros 5 pueblos y un solo sacerdote, que atiende estos pueblecitos pequeños, y que en estas fechas aumentan su población en algunos habitantes. El jueves santo presidí dos liturgias de la palabra y el viernes santo dos celebraciones de la Pasión. La hora santa del jueves en Ampudia fue un momento de oración sencilla pero profunda. Han sido unos días de mucho trabajo, de convivencia, y también de poder conocer mejor la diócesis“.

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iglesia cerveraDaniel estuvo destinado en el norte de la provincia, en la Unidad Pastoral de Cervera de Pisuerga. Allí compartió estos días con el sacerdote, d. José Luis, celebrando los Santos Oficios en varias pequeñas poblaciones, como Ligüérzana, Colmenares de Ojeda, Amayuelas de Ojeda y Rebanal de las Llantas, además de estar presente en la iglesia parroquial de Cervera, Santa María del Castillo, en la hora santa del Jueves Santo y el viacrucis del Viernes Santo. “Han sido unos días de intensas celebraciones, de las cuales me llevo conmigo el haber podido compartir estos días santos tanto con el sacerdote que me acogía, con quien he podido hablar y compartir vida, así como con las gentes con las que me he encontrado en cada uno de los pueblos donde he estado, agradecidas por poder celebrar los oficios de Semana Santa, pese a ser pequeñas comunidades“.

Pastoral de exequias

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Durante los últimos días del verano, antes de comenzar el curso, tanto Daniel como René están realizando en Madrid una pastoral de exequias. René está en el cementerio de la Almudena de Madrid, y Daniel en el cementerio sur. Durante una semana, atienden a las familias que acuden al cementerio para enterrar a un ser querido que acaba de fallecer, oficiando el responso por el difunto. En el responso piden a Dios por el eterno descanso de su alma, para que perdone los pecados del fallecido y que, purificado, llegue pronto a habitar junto al Padre.

Pese a las dificultades propias de una pastoral como esta, es una experiencia que a ambos les está resultando muy positiva. Ante la muerte, los cristianos tenemos la esperanza puesta en la resurrección y la vida eterna. Y estos días están ayudando tanto a Daniel como a René a ser conscientes de esta verdad, a la vez que escuchan, dan consuelo a las familias de los fallecidos, y rezan por los difuntos.

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Acogida cristiana en el Camino de Santiago

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Entre el 7 y el 16 de agosto, Álvaro ha estado en albergue parroquial de Carrión de los Condes, donde cada día las Hnas. Agustinas del monasterio de la Conversión, acogen a unos 50 peregrinos de diferentes nacionalidades, en mitad su peregrinaje hasta la tumba del apóstol Santiago. Durante estos días ha podido comprobar, en primera mano, la gran labor de acogida y la tarea apostólica que se realiza en nuestra diócesis con los peregrinos que pasan cada día por la ciudad palentina.

La jornada de las hermanas y los hospitaleros comienza con el rezo del Oficio de lecturas, la meditación del Evangelio y el rezo de Laudes, a las 6:30 de la mañana. Después del desayuno comienzan las tareas de limpieza y acondicionamiento del albergue para que, cuando los peregrinos lleguen, encuentren el lugar lo más acogedor y confortable posible. A las 12 abre sus puertas el albergue parroquial de Santa María, donde los peregrinos son recibidos con la mejor de las sonrisas y un vaso de zumo o té que las hermanas les ofrecen para tratar de calmar su sed. Tras unas horas de acogida y de atención a los peregrinos, comienzan las actividades de la tarde con el rezo de las Vísperas (17:30) a las que sigue el encuentro musical (18:00) al que se acercan cada tarde vecinos de Carrión y peregrinos de otros albergues a disfrutar compartiendo sus cantos y habilidades musicales. Tras el encuentro y antes de la celebración de la Santa Misa en iglesia parroquial (20:00), se ultiman los preparativos para la cena compartida que tendrá lugar tras la bendición del peregrino, que se imparte después de la celebración de la Eucaristía.

La labor del albergue Santa María, no es una simple acogida sin más. Se trata de un constante memorial de la parábola del buen samaritano donde sacerdotes, hermanas y hospitaleros se desviven por hacer del Amor la seña de identidad del cristiano, llamado a cuidar del prójimo como el mismo Cristo hace con cada uno de nosotros cada día.

Agradecemos a D. Julio, D. Nacho y a la Comunidad de la Conversión su empeño por convertir a la parroquia de Carrión de los Condes en un testimonio visible del amor de Dios en medio del mundo.

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Semana Santa en los pueblos

En la Semana Santa que recientemente acaba de terminar, los seminaristas palentinos hemos estado viviéndola en las parroquias de algunos pueblos de la diócesis.

fromistaDaniel estuvo en la U.P. de Frómista, de la que está a cargo el sacerdote D. Juan Carlos Martínez: “Desde el Jueves Santo estuve acompañando al párroco a las celebraciones eucarísticas de la Cena del Señor en varios de los pueblos de la Unidad Pastoral (Requena de Campos, Palacios de Riopisuerga, Lantadilla), así como participando en la procesión de Lantadilla y de Villovieco. El Viernes Santo presidí el viacrucis en Revenga de Campos, y la celebración de la muerte del Señor en Boadilla del Camino. La tarde – noche del Sábado Santo celebramos con la comunidad de Lantadilla y las religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos la Vigilia Pascual y resurrección de Jesucristo. Por último, el domingo de resurrección celebramos la eucaristía en los pueblos de Villarmentero, Villovieco y en la parroquia de San Pedro de Frómista, todas ellas precedidas de la procesión del Encuentro entre Jesucristo y su madre.

Vivir el triduo pascual en Frómista ha supuesto para mí conocer más de cerca la realidad pastoral de la zona, así como apreciar y dar gracias a Dios por la importante tarea del párroco en esta unidad pastoral. Es fácil observar en estos días cómo el Señor mueve los corazones de las personas, en esta zona del Camino de Santiago palentino”.

Osorno-Igla.parroq-CopiarPor su parte, Álvaro estuvo en la U.P. de Osorno, junto al párroco D. José Luis Quijano: “Se puede decir que esta Semana Santa ha tenido ‘un sabor especial’. Por primera vez, he podido disfrutar de la celebración del Santo Triduo en los pueblos de nuestra diócesis y he tenido la suerte de ‘caer’ en una unidad parroquial como la de Osorno donde he podido participar de las distintas tradiciones propias de cada uno de sus pueblos: desde el Vía Crucis por las calles de Abia de las Torres, donde los vecinos confeccionan pequeños altares en las poyatas de sus ventanas, que hacen las veces de estaciones, hasta las procesiones o el acto del descendimiento de la Semana Santa de Osorno, donde la Cofradía de la Vera Cruz hace posible que el pueblo celebre piadosamente los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor.

Quisiera destacar también, fuera del marco litúrgico y celebrativo de estos días, la alegría que ha supuesto para mí el poder conocer a algunos de los sacerdotes de la diócesis, que desgastan su vida por amor a Dios y a su Iglesia: D. José Luis, que me ha acogido en su casa y ha estado en todo momento pendiente de mí, D. Rafa Guerrero, que hacía las veces de predicador de la Semana Santa de Osorno y con quien pude compartir celebraciones y conversaciones el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección y algunos sacerdotes del arciprestazgo del Camino-Carrión, con los que disfrutamos de una agradable comida fraterna el Sábado Santo.

Doy gracias a Dios por todo lo vivido en estos días y por todas las personas que, durante este Triduo Santo, el Señor ha querido poner en nuestro camino”.

herreraFinalmente, René pasó la Semana Santa en la U.P. de Herrera de Pisuerga, atendida por el párroco, D. Fernando Salomón: “El mismo jueves comí con los dos sacerdotes que atienden Herrera y otros 12 pueblos. La tarde del jueves fue muy intensa ayudando a Don Fernando  en tres pueblos, el último fue Herrera donde al finalizar la cena del Señor tuvimos la procesión de la oración en el huerto por las calles de la localidad. Por la noche tuve la oportunidad de dirigir la hora santa en Calahorra de Boedo.

El Viernes Santo se presentaba todavía más intenso aún. Por la mañana volví a Calahorra para presidir el Vía crucis. Por toda la localidad, colgadas de los balcones de las casas, estaban las catorce estaciones. Una pequeña procesión que contaba con dos nazarenos que cargaban con una gran cruz y una dolorosa guiaba el camino. Unas coplillas, cantadas por las señoras de Calahorra, nos ayudaron a rezar y contemplar la muerte del Señor. Por la tarde volví a acompañar a Don Fernando a otros tres pueblos para celebrar la pasión de Cristo. En Ventosa, cuando caía la noche tuve otro Vía crucis por las calles del pueblo. Los hombres cargaron un gran Cristo y las mujeres una enlutada dolorosa. La última estación la rezamos en la Iglesia donde cantamos la salve ante la imagen de la Virgen.

La mañana del sábado fue de tranquilidad y silencio. A la hora de comer nos juntamos los tres seminaristas con los sacerdotes que estábamos y otros tantos del arciprestazgo. La tarde ya olía a Pascua. Preparar el cirio y las velas para la gente, repasar la Vigilia, ensayar el canto de los salmos y poner las flores ocuparon la tarde. A las 22:30 en Herrera celebramos la gran Vigilia de resurrección. Después de la Vigilia nos felicitamos la Pascua y compartimos unas pastas con vino dulce.

Para terminar, el domingo me quede en Herrera para participar en la procesión del encuentro y en la eucaristía. Don Luisma en la homilía nos recordó el modo de vida de los que creen en la resurrección.

Doy gracias a Dios por esta experiencia que me ha permitido conocer más la realidad de la diócesis de la mano de dos sacerdotes con los que he podido convivir y compartir la vivencia de días tan importantes para el ministerio sacerdotal”.

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Hace un mes que comenzaron a comentar en la parroquia donde tengo la pastoral, San Jorge, la posibilidad de hacer una peregrinación al Pueblo de Javier en Navarra: la Javierada. Aquí se encuentra la casa natal de uno de los mayores evangelizadores de la historia de la Iglesia, San Francisco Javier, nacido en 1506 en Javier y que murió en 1552 a las puertas de China. Este año la peregrinación a Javier tenía un nota especial, se cumplían 75 años desde la primera Javierada.

El viernes 6 de marzo salíamos desde la parroquia de San Jorge 50 jóvenes en dirección al seminario de Pamplona. No fuimos solos, pues otros 350 jóvenes de parroquias de Madrid, bajo la dirección de la Acción Católica General, llegamos para dormir en Pamplona. Antes de salir de la parroquia, Fernando, el sacerdote que nos acompañó, nos invitó a ofrecer esta peregrinación por alguien y estar abiertos a la voz de Dios.

Llegamos al seminario de Pamplona con saco y esterilla bajo el brazo para pasar la noche. Dos salas grandes, una para chicos y otra para las chicas, fueron nuestro alojamiento. Por la mañana nos levantamos pronto para celebrar la eucaristía y salir a caminar. La parábola del Hijo pródigo fue el hilo conductor, pues así lo marcó la liturgia del sábado 7 de marzo. Sobre las 11 de la mañana comenzamos a andar. Un día espléndido, como no se veía por tierras navarras desde hace meses, nos acompañó. El camino fue muy sencillo, por senderos de tierra, hasta llegar a un cañón espectacular lleno de vegetación y bañado por un río lleno de agua por el deshielo. Paramos durante el camino varias veces para descansar y reunificar a un grupo tan numeroso. Sobre las 2 de la tarde, y a unos 8 km de Javier, paramos a comer. El calor apretaba y la sombra fue una buena compañera. A las 3 salimos camino de Javier. Se nos invitó a tener ratos de silencio y por grupos rezar el Vía Crucis. En un par de horas tuvimos delante el castillo de Javier. Luego disfrutamos de un rato de descanso, y cuando todos hubimos llegado tuvimos la tradicional foto de grupo frente al castillo de Javier.

Llegó el momento de volver a improvisar un enorme dormitorio en el espacio que nos habían proporcionado muy cerca del castillo. Después de cenar, en el mismo alojamiento, tuvimos una vigilia de adoración guiada por textos de Santa Teresa de Jesús. Antes de terminar, el obispo de Pamplona, Don Francisco, nos visitó para felicitarnos por haber peregrinado a Javier y nos animó a dar todo a Cristo.

El domingo por la mañana recogimos todo, desayunamos y rezamos laudes. A las 10 de la mañana estábamos todos en la explanada del Castillo para la misa final.  Se recordó en la misa a los miles de misioneros que están en el mundo y también se tuvo presentes a todos lo que ya han muerto y que peregrinaron durante años a la casa natal de Javier.

Inicio de curso

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La pasada semana tuvo lugar la inauguración oficial del curso académico de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso, donde estudiamos los seminaristas. Al acto, que estuvo presidido por el gran canciller de la universidad, el cardenal Don Antonio María Rouco Varela, acudió el obispo de Palencia, D. Esteban Escudero, quien aprovechó el día para tener un encuentro con el rector, los formadores y con los seminaristas de Palencia.

Con el inicio de curso, se han repartido también los nuevos destinos pastorales en el seminario conciliar de Madrid. René, que inicia el 4º curso, este año ha sido enviando a la parroquia madrileña San Jorge, en el norte de la capital madrileña. Álvaro y Daniel, durante este tercer curso, realizarán una pastoral social y de caridad. Álvaro estará los fines de semana junto a las Misioneras de la Caridad, quienes realizan una importante labor con seropositivos. Mientras tanto, Daniel estará en la Delegación de Pastoral Vocacional de Madrid, y además también estará destinado en el centro residencial para personas con Esclerosis Múltiple “Alicia Koplowitz”.

Tareas pastorales

Uno de los 4 pilares en los que se basa la formación del futuro presbítero, como afirma el documento “Pastores Dado Vobis”, es la formación pastoral (los otros tres consisten en la formación intelectual, la formación espiritual, y la formación humana). Así, durante el curso 2013-2014, recientemente finalizado, los seminaristas palentinos hemos estado dedicados semanalmente a distintas tareas pastorales que nos ofrecía el seminario en Madrid.

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En el caso de Daniel, como seminarista de segundo curso, ha estado destinado durante todo el año en la parroquia de San Lorenzo, en el madrileño barrio de Lavapiés. Allí acudía a la parroquia en las mañanas de los domingos para tener una catequesis destinada a la formación para el sacramento de la confirmación de un grupo de jóvenes “quinceañeras”. El grupo estaba formado íntegramente por chicas (entre 13 y 17 años) latinoamericanas residentes en Madrid, que se estaban preparando para recibir el sacramento de la confirmación (que finalmente recibieron en la parroquia el domingo 1 de junio). Tras la catequesis, llegaba el momento principal de la jornada, con la celebración de la eucaristía, en la cual tanto Daniel como su compañero seminarista de pastoral (Emmanuel, seminarista de la diócesis de San Juan de Puerto Rico), acolitaban junto a los monaguillos de la parroquia.

“Agradezco enormemente esta pastoral que me ha ofrecido el seminario durante este año. He podido ir descubriendo cómo actúa Dios en cada una de las personas con las que he compartido este año en la parroquia. Y me alegra mucho el haber podido formar parte de la vida de la parroquia de San Lorenzo, algo importante en la vida de un presbítero. Este año la pastoral ha sido un regalo de Dios, que me ha permitido poder aprender de todas y cada una de las personas con quien he estado en la parroquia. Comenzando por la encomiable labor del párroco, D. Juan José Arbolí, y los sacerdotes colaboradores, así como el equipo de catequistas, monaguillos, personas encargadas de la organización en la parroquia, y también de las chicas que he tenido en la catequesis de confirmación”.

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En cuanto a Álvaro la experiencia pastoral ha sido similar a la vivida por Daniel. Su destino ha sido S. Juan Evangelista, en la zona de Parque de las Avenidas, donde ha tenido la suerte de poder participar de su rica vida parroquial. Desde la llegada al templo, en torno a las 11 de la mañana, la labor transcurría entre las distintas actividades y grupos de la parroquia. Primero, el ensayo de cantos con el estupendo coro jovenes, que colaboran con las distintas tareas que se realizan en S. Juan (Adoración de los jueves, pastoral juvenil, grupos de catequesis, de oración…), después, celebración de la Santa Misa a las 12, donde ayudaba al altar como acólito y finalmente catequesis, con un grupo de niñas de entre 10 y 12 años, que se preparan para recibir el sacramento de la Confirmación.

“Tras un año, que sabe a poco, no puedo dejar de dar gracias a Dios por el regalo que ha supuesto poder desarrollar la actividad pastoral en la parroquia de San Juan, donde el amor se hace patente en cada una de las personas que colaboran, lo hacen para mayor Gloria de Dios. Desde sus sacerdotes (D. Manuel, D. Luis Miguel y D. Antonio) hasta el último de los parroquianos, hacen posible una verdadera vida de comunidad, imagen del Amor de Dios por su Iglesia.”

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Por último, René ha desempeñado su tarea pastoral en el madrileño Hospital 12 de Octubre. Los fines de semana se acercaba a este hospital, sábados y domingos por la mañana. Durante el curso de 3º los seminaristas viven lo que se denomina pastoral social. Hospitales, residencias de ancianos , casas de discapacitados físicos y psíquicos… son algunos de los destinos de los seminaristas de 3º. René junto con su compañero de curso Fernando durante este año ha ayudado a los capellanes del hospital 12 de Octubre en las tareas pastorales que allí se desempeñan. Los sábados por la mañana se dedicaban a visitar la zona del hospital materno-infantil. Visitar las habitaciones, escuchar las historias que allí se vivían y llevar el consuelo y la alegría de Cristo y su Evangelio.

“En cada habitación nos comprometíamos a rezar por los niños y sus familias durante toda la semana y visitarlos si era posible al siguiente sábado. El hospital es fiel reflejo de la sociedad pues de la enfermedad no estamos libres ninguno. Hemos podido hablar con mucha gente no creyente , con protestantes de diversas iglesias, musulmanes y hemos conocido muchas historias de gran dolor pero de mucho cariño y ganas de luchar”.

Los domingos volvían al hospital pero con otra misión: llevar la comunión a los enfermos que lo pedían. Un lista con el nombre, la parroquia y número de habitación y de cama eran su ruta de trabajo.

“Al llegar íbamos al sagrario y cogíamos al Señor para llevar la comunión a los enfermos. Al llegar a las habitaciones hablábamos unos instantes con el paciente para saber de su situación y para presentarnos. Dentro del ritual para la comunión a los enfermos está la proclamación de la Palabra de Dios por lo que cada domingo leíamos y predicábamos un poco sobre el evangelio del día”.

Tanto sábado como domingo participaban de la Misa en el hospital y en algunas ocasiones acompañaron a los sacerdotes a celebrar alguna unción de enfermos.

“Ha sido una experiencia magnífica tanto a nivel humano, formativo como espiritual. Muchas cosas vuelven a plantearse en tu vida al ver la debilidad del hombre y cómo debemos confiar en Dios tanto en lo bueno como en lo malo ya que Él camina en todo momento a nuestro lado. He podido ver la necesidad que hay de una pastoral de la salud en los hospitales pues la asistencia religiosa es un derecho más del paciente y en esos momentos es verdadero aliento de vida. Doy gracias a Dios y al seminario por esta oportunidad en la que podido comprobar que aquél que da recibe mucho más de lo que da”.