Archivo de la categoría: Virgen María

Celebraciones en honor a la Virgen de la Almudena

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Durante este fin de semana en el seminario hemos participado de los distintos actos en honor a Nuestra Señora de la Almudena, la patrona de Madrid. El pasado domingo acudimos por la noche a la Vigilia que el arzobispo de Madrid, don Carlos Osoro, celebraba junto a los jóvenes de la diócesis. En la catedral, repleta de jóvenes, pudimos escuchar 3 testimonios sobre la misericordia de Dios. El primero fue el de un joven, quien comentó cómo comenzó su actual noviazgo tras experimentar una conversión gracias a experimentar la misericordia de Dios tras realizar un cursillo de cristiandad. En segundo lugar habló una madre de familia, y finalmente el tercer testimonio fue el de un joven estudiante de filosofía que nos animó a ir por las calles anunciando a Jesucristo, pues veía que los cristianos tenemos que “exprimir hasta la última gota de nuestra sangre para dar a conocer a Cristo a todos aquellos que no saben de Él”. En esta vigilia, los seminaristas acudimos acompañados de los jóvenes con los que estamos en nuestras parroquias de pastoral: René con los jóvenes de la parroquia de San Jorge, Álvaro con los de la parroquia de San Miguel Arcángel, y Daniel con los de la parroquia de Nuestra Señora del Buen Suceso.

Hoy 9 de noviembre, solemnidad de la Almudena, hemos participado en la misa celebrada en la plaza mayor de Madrid por el arzobispo, y concelebrada por el nuncio de su santidad en España, el cardenal arzobispo emérito de Madrid, y el arzobispo electo de Burgos. En su homilía, Carlos Osoro nos ha ofrecido tres retratos de la Virgen: el retrato de su “sí” a Dios, el de su salida al camino, y el de su primer encuentro tras haber dicho el sí.

Terminada la Eucaristía, volvimos al seminario, para servir al presbiterio madrileño, que acudía a comer al seminario en un día tan señalado para la archidiócesis de Madrid

29ª peregrinación diocesana a Lourdes

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Del 1 al 5 de agosto los seminaristas participamos en la 29ª peregrinación diocesana a Lourdes. De la diócesis acudieron unos 300 peregrinos, entre los que se encontraban enfermos, voluntarios, sacerdotes, médicos y enfermeros y jóvenes. A lo largo de estos 5 días hemos podido participar de varios de los actos que tienen lugar en el santuario mariano: el rosario de la procesión de antorchas, la misa internacional en la basílica subterránea de San Pío X, la procesión eucarística, el viacrucis, el baño en las piscinas de los enfermos…

En la peregrinación, que ha estado encabezada por el administrador diocesano de Palencia, d. Antonio Gómez, y el consiliario de la hospitalidad de Lourdes, D. Eduardo Calvo, los aproximadamente 30 jóvenes que han acudido han prestado su ayuda como voluntarios de los enfermos, a quienes llevaban a cada uno de los actos, ayudaban en los hospitales a levantarlos y acostarlos, y los acompañaban a lo largo del día.

Como todos los años, hemos podido comprobar como el Señor, a través de la intercesión de su madre la Virgen en su advocación de Nuestra Señora de Lourdes, bendice a la peregrinación y a la hospitalidad diocesana de Palencia, pues han sido unos días donde a través del rostro de los enfermos y de la oración confiada a la Virgen en la gruta de las apariciones, así como las distintas actividades, hemos podido constatar la presencia de Cristo entre nosotros.

Fiesta de la Presentación del Señor en el seminario

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Hoy, 2 de febrero, hemos celebrado en el seminario la fiesta de la Presentación del Señor. Los seminaristas palentinos además nos hemos unido en la oración por nuestra diócesis de Palencia, ya que hoy coincidía esta fiesta con la solemnidad de la patrona, Nuestra Señora de la Calle. Debido a que estamos en plena época de exámenes, no hemos podido acercarnos a Palencia a festejar a nuestra patrona. Sin embargo, hemos tenido muy presente en la oración a la Virgen de la Calle y a todos los palentinos de nuestra diócesis.

Mientras tanto, en el seminario de Madrid celebrábamos la fiesta de la Presentación del Señor, y en la celebración de la Eucaristía se han bendecido las candelas antes de comenzar la misa, en el vestíbulo del seminario, para luego entrar en procesión a la capilla mayor con las candelas encendidas, cantando la antífona del “Nunc Dimittis”, que entonó el anciano Simeón cuando Jesús fue presentado en el templo por sus padres.

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Vigilia de la Inmaculada Concepción

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En la tarde del domingo 7 los seminaristas estuvimos participando en la Vigilia de oración de la Inmaculada Concepción que tuvo lugar en la catedral de Palencia. A las 8 de la tarde daba comienzo la vigilia, cuando entraba por la puerta de la catedral la imagen de la Virgen de la Amargura de la cofradía penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Madre la Virgen de la Amargura, imagen que acompañaba en el altar a un cuadro que representa a la Inmaculada Concepción.

La Vigilia estuvo dividida en dos partes. En la primera de ellas se leyeron 3 textos bíblicos: el relato de la caída en el pecado original de Adán y Eva, al que siguió un testimonio de Víctor Lafuente, hermano de la Hermandad franciscana de la Santísima Virgen de la Piedad, acerca de su historia de devoción personal a la Virgen. Luego se leyó un texto del Apocalipsis, seguido de un testimonio de una joven polaca, que lleva apenas mes y medio en Palencia, acerca de las dificultades en la vida de un joven creyente, y la ayuda que ha supuesto para ella la mediación de María. Y por último, el texto del evangelio de la Anunciación a la Virgen María. Tras el mismo, el obispo de la diócesis, D. Esteban Escudero, que presidía la vigilia, respondió a tres preguntas que le formularon una niña y dos jóvenes, acerca de la Inmaculada Concepción.

La segunda parte de la vigilia constó de la adoración al Santísimo Sacramento. Durante la misma se rezó un misterio del rosario, y las letanías a Jesús sacramentado. Y para finalizar, todos los asistentes a la vigilia salimos en procesión hacia la plaza de la Inmaculada, para hacer una ofrenda floral y de velas a la estatua de la Inmaculada Concepción en Palencia. Allí rezamos todos juntos la salve a nuestra madre, y el obispo impartió la bendición final.

Así nos preparamos para celebrar este lunes la solemnidad de la Inmaculada Concepción, patrona de España.

Nuestra Señora de la Almudena

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Como hijos adoptivos de la archidiócesis de Madrid, hemos podido disfrutar de las celebraciones litúrgicas que el pasado fin de semana han tenido lugar, en la capital de España, en honor de la Santísima Virgen María.

La jornada del sábado, comenzaba con el retiro mensual, que nos dirigió D. Carlos Osoro, nuevo arzobispo de Madrid. Tras proponernos unos puntos de oración, quedaba por delante una mañana profundamente eucarística (adoración y Santa Misa). Con la comida, se dio por finalizado el retiro y comenzamos a preparar los comedores para poder recibir al día siguiente (domingo), al clero diocesano de Madrid, como es costumbre el día de la patrona.

Por la noche, nos desplazamos hasta la Catedral de la Almudena donde no cabía un alfiler, en la que era la primera vigilia de D. Carlos como arzobispo. En su homilía nos exhortó a descubrir a qué nos llama el Señor a cada uno de nosotros. Además, invitó a los jóvenes a participar en las futuras oraciones en la catedral los primeros viernes de mes, a las 22:00 de la noche.

Al día siguiente, 9 de noviembre, tenía lugar la solemnidad de la patrona de Madrid: Nuestra Señora la Virgen de la Almudena. Los seminaristas nos desplazamos hasta la plaza mayor madrileña, donde a las 11 comenzaba la Eucaristía presidida por el arzobispo, en la cual tuvo lugar también la renovación del voto de villa por parte de la alcaldesa madrileña. En su homilía, D. Carlos desarrolló el Evangelio de dicha solemnidad a partir de tres miradas: la mirada a la Virgen María que desató el nudo del pecado (por la fe y obediencia de María), la mirada de María como testigo privilegiado de Jesucristo, y la mirada de María que provoca la acogida y el anuncio (recordando aquí lo sucedido hace 25 años, con la caída del muro de Berlín).

Terminada la Eucaristía, volvimos al seminario, para acoger al presbiterio madrileño que acudió a comer al seminario por la fiesta de la patrona de Madrid.

¡Lourdes,la alegría de la conversión !

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El día 1 de agosto la peregrinación diocesana de Palencia se ponía en marcha hacia la gruta de Lourdes. Unos 330 peregrinos con el obispo a la cabeza nos poníamos en marcha a primera hora de la mañana. Como años anteriores nuestra peregrinación tenia la gracia de ir con un nutrido grupo de enfermos que iba muy bien atendido por muchos voluntarios y jóvenes entre los que nos contábamos los seminaristas.

Un grupo de unos 30 jóvenes dirigidos por Don Antonio Gómez nos poníamos a disposición de la peregrinación para lo que fuera necesario. El albergue de las Hermanas Dominicas, cerca de la estación de trenes de Lourdes, fue nuestra casa durante los 5 días de la peregrinación.  Las Hermanas Agustinas de la Conversión también acompañaron la peregrinación y estuvieron con los jóvenes ofreciendo el regalo de la vida religiosa.

Los jóvenes no hemos parado en estos días. Los seminaristas junto a otros jóvenes nos levantábamos a las 6 de la mañana para poder estar a las 7 en el hospital de Notre Dame para levantar a los enfermos que lo necesitaban. El resto de los jóvenes bajaban poco después para llevar a los enfermos a las actividades propias de la peregrinación o a las del santuario.

Este año la conversión era el pan nuestro de cada día en la peregrinación. Como nos indicaba nuestro obispo, Lourdes nos ofrece 4 puntos de conversión muy claros: a la Palabra de Dios, a la penitencia, a la eucaristía y a la comunión con la Iglesia universal y todo bajo la ayuda y protección de la Virgen María.

Damos gracias a Dios por estos días de conversión y de presencia de María que como buena madre siempre nos lleva a su Hijo. Agradecemos a todos los voluntarios que han dado generosamente su tiempo para ayudar a los mas necesitados y damos en especial las gracias a nuestro obispo que estuvo alojado con los jóvenes todos los días.

Mes de mayo, mes de María (V)

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“Virgen Santísima Inmaculada y Madre mía María, a Vos, que sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, acudo en este día yo, que soy el más miserable de todos. Os venero, ¡oh gran Reina!, y os doy las gracias por todos los favores que hasta ahora me habéis hecho, especialmente por haberme librado del infierno, que tantas veces he merecido. Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás. Pongo en vuestras manos toda mi esperanza, toda mi salvación; admitidme por siervo vuestro, y acogedme bajo vuestro manto, Vos, ¡oh Madre de misericordia! Y ya que sois tan poderosa ante Dios, libradme de todas las tentaciones o bien alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte. Os pido un verdadero amor a Jesucristo. Espero de vos tener una buena muerte; Madre mía, por el amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero más en el último instante de mi vida. No me dejéis hasta que me veáis salvo en el cielo para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad. Así lo espero. Amén.”

S. Alfonso María de Ligorio